DATTER-Change Agent. Un viaje entre libros y consejos para el cambio | Davide Pellegatta

El viaje de los «DATTER».
Esto es lo que quiero contar en la segunda sección en la que colaboro con Digital Attitude. Si en «Surfer People» dialogué con quienes, dentro de las empresas, surfean sobre las olas de los cambios organizativos, aquí deseo descubrir y poner en común lo que hay en los sueños, en los estudios, en las experiencias y, en general, en la «mentalidad» de quienes —en este periodo marcado por las «grandes dimisiones»— se entregan, trabajando día y noche, impulsados por una firme convicción.
Empezaré por el nombre, que para mí no es algo obvio.
Dàt·ter, quienes creen en Digital Attitude.
Pero eso no es todo: cualquiera que trabaje para hacer realidad un sueño compartido
Sinónimos: empollón, soñador, descubridor de nuevos mundos.
Personas a las que une la importancia que conceden a la escucha: para guiar y atender las necesidades reales de quienes se enfrentan al extraordinario viaje del cambio. Personas convencidas de que la mejor forma de crecer se basa en la acción y en la capacidad de cuidar de uno mismo, de los demás y del entorno en el que vivimos.
Personas que saben lo que significa asumir una responsabilidad y a las que les encanta esa sensación. Así es, porque los Datters tienen y siempre tendrán la mentalidad de los emprendedores: rapidez, agilidad, espíritu de iniciativa y ganas de arriesgarse son la base de su enfoque ante un mundo en constante cambio.
Esta breve descripción es lo que leí en su manifiesto, que entregan a quienes se incorporan al equipo, y es lo que me convenció de que cada uno de ellos podría tener una historia interesante que contar para inspirarnos. Así que pensé en dar a conocer sus puntos de vista y sus experiencias.
Después de Luca Argenton, director ejecutivo, ¡hoy el protagonista es Davide Pellegatta, responsable de estrategia y gobernanza de Digital Attitude!
1) Hola, Davide, voy a empezar pidiéndote que nos cuentes algo de tu infancia: el trabajo con el que soñabas de pequeño y la relación que tiene con lo que haces hoy en Digital Attitude
¡Qué bonito! ¡De pequeño soñaba con ser papá! Y, tengo que decirte, que veo la conexión con mi papel en Digital Attitude: románticamente y metafóricamente, soy un poco el papá del equipo, tanto por mi edad como por mi antigüedad...de hecho, me lo han hecho notar con el reciente regalo de cumpleaños: una camiseta del equipo campeón de Italia (no diré el nombre para no entrar en conflictos deportivos, ya que hablamos de trabajo 😊) con la inscripción «20+» (años en RR. HH.).
2) Cambio: ¿Nos recomiendas un libro, una película y una canción que nos ayuden a afrontarlo de la mejor manera posible, explicándonos el motivo de cada elección?
«…porque con el tiempo todo cambia, ya lo sabes, y nosotros también cambiamos, y nosotros también cambiamos, y nosotros también cambiamos, na na na…».
Mi tesis empieza así, «na na na» incluidos... Con esta cita comparto mi pasión por la poética de Vasco, pero esta no es la canción adecuada para nuestra respuesta. En su lugar, elijo una que forma parte de la lista de canciones que acompaña a mis testimonios sobre la gestión del cambio, en concreto la que sirve de fondo para los «créditos finales»: «Dal basso», de Jovanotti. Las razones son, básicamente, dos:
- la relación con el bajo como instrumento, el ritmo del cambio; al igual que las canciones que no se sostienen por los solos (aunque, claro, a menudo se recuerdan precisamente por ellos), un programa de gestión del cambio, para mantenerse en pie, no puede estar compuesto únicamente por grandes eventos de comunicación o formación; se necesita un refuerzo, ese «empujoncito» diario; hay que mantener el ritmo del cambio;
- La segunda razón de esta elección está oculta en el texto (bueno, ¡la verdad es que no está tan oculta!); el cambio es tal si involucra, si parte de las personas, desde abajo precisamente...El cambio se encuentra «donde hay vibración, urgencia, donde hay calidez...»; el cambio solo es efectivo si pasa de ser un comportamiento esperado a un comportamiento puesto en práctica... por las personas, precisamente... #peoplehavethepower (citando otra canción).
En cuanto al libro, elijo uno que está un poco de moda: «Start with why», de Simon Sinek, que trata el tema del liderazgo, un aspecto crucial en el día a día y fundamental en un proceso de transformación. Demasiadas veces se planifican cosas y se proponen iniciativas sin pararse a compartir los «porqués» de las acciones o de las decisiones empresariales… En este sentido, también estoy de acuerdo con Saint-Exupéry: «Si quieres construir un barco, no reúnas a hombres para cortar madera, repartir tareas y dar órdenes, sino enséñales la nostalgia por el mar».
Por último, en cuanto a la película, propongo la misma que solía mostrar durante la fase de incorporación a la empresa, en mis instalaciones: Rocky. En este caso, me centro en el riesgo que se corre al atravesar un proceso de cambio: perder el enfoque, el propósito y las prioridades.
En la escena final, Rocky, que ha logrado plantarle cara al campeón del mundo, rodeado de los medios de comunicación, el público y toda la gente que lo aclama, con su famoso «Adrianaaaaa, Adrianaaaaa... Adrianaaaa», cuenta cómo, a pesar de los cambios, su corazón se había quedado allí. El cambio requiere constancia, determinación y la mirada de tigre puesta en el proyecto a largo plazo, tal y como hace el protagonista 😊
3) Cada uno de nosotros tiene al menos un proyecto que lleva en el corazón, ya que le ha permitido un crecimiento profesional importante y tangible. ¿Cuál fue el tuyo?
Esta es complicada. Me refiero a la elección.
De hecho, casi todas las experiencias laborales me han hecho crecer y las guardo en mi corazón. Lo digo sin hipocresía ni adulación. Por inclinación natural, tiendo a dejarme influir por lo que vivo y, si además surge de mí, ¡todo resulta aún más apasionante! Por principio, nunca tiro nada; lo guardo todo celosamente, sin remordimientos en particular, incluidas las decepciones, por supuesto.
Siguiendo mi instinto, en este momento algo me dice que elija uno: era el año 2014 y, entre otras cosas, también me encargaba de la comunicación interna. Intentamos lanzar por primera vez una Engagement (no un análisis del clima laboral, sino algo más, que abarcara también temas de alineación con el negocio y de procesos) entre toda la plantilla, en todos los países y en todas las profesiones, incluidos los trabajadores manuales. Había mucho escepticismo… y, sin embargo, salió muy bien. De este proyecto me quedé especialmente con la respuesta de un compañero búlgaro que trabajaba en una obra en Turquía y que, en una entrevista tras la iniciativa, me dijo: «Davide, claro que respondimos con gusto: ¡por fin nos prestabais atención, nos escuchabais y nos hacíais participar!». Eso me hizo reflexionar sobre la importancia de pensar y diseñar proyectos no solo para quienes trabajan en la oficina —lo cual, por desgracia, es un error clásico—, sino también para el personal de fuera, como él, es decir, para el ecosistema empresarial en su conjunto. En resumen, tras recibir esta retroalimentación de aquella experiencia, tuve la oportunidad de trabajar mucho con esta visión más amplia.
4) Un error en un proyecto que te ha permitido mejorar tus competencias y/o los productos
También me defiendo muy bien ante los errores, y he acumulado unos cuantos. Tengo un buen montón y hasta algunos por duplicado... porque la verdad es que no siempre se aprende de verdad de los errores… o, al menos, ¡a veces hacen falta dos o tres intentos!
Pienso en un proyecto transformador, en el que he comprendido que no basta con dar la cara y asumir todas las responsabilidades, sino que hay que tener la capacidad de proteger tanto el proyecto en sí como al equipo que trabaja en él. En una ocasión concreta, me di cuenta de que siempre hay que prever y sopesar también el impacto a largo plazo en el equipo, y que es necesario adoptar medidas para mitigar ese riesgo. Porque, de lo contrario, no estás poniendo realmente a todas las personas en el centro.
5) Teniendo en cuenta la experiencia adquirida en estos años a través de los estudios y el trabajo sobre el terreno con los distintos clientes, ¿podrías hacernos una pequeña lista de hábitos (como máximo cinco) que favorezcan el cambio?
1. Escuchar e involucrar a las personas afectadas por el cambio
2. Dedicar tiempo «en directo» a las personas, a sus estados de ánimo, a sus miradas... porque las encuestas son herramientas útiles e importantes, pero por sí solas no bastan
3. Esperar el tiempo necesario: el cambio lleva tiempo (mucho) y se consigue «paso a paso».
4. Fomentar el hábito de forma concreta mediante acciones, estímulos e iniciativas recurrentes y planificadas
5. Cumplir lo prometido es lo más importante; el marketing y los grandes eventos no bastan; el lema «walk the talk» no debe quedarse en una simple frase publicitaria.
6) Para terminar, una pregunta disruptiva, como todo lo que Digital Attitude promueve a través del cambio. Haciendo un acróstico con tu nombre, es decir, utilizando todas las letras de tu nombre, te pido que nos cuentes cómo vives tú la empresa.
Digital Attitute para:
Tengo seis letras y además una doble... Mi padre tenía razón al decir que debería llamarme Sara… pero eso ya es otra historia :-D
Diversión; la palabra adecuada sería«holgazanear», algo que para mí no puede faltar en el día a día laboral ni en las relaciones interpersonales. En la oficina también hay que divertirse; no se puede estar siempre súper concentrado y pegado a las pantallas, porque se pierde productividad, precisión, energía... ¡Hay que recargar pilas de vez en cuando!
Escucho; quizá sea por mi formación en recursos humanos, pero dedicar tiempo a las personas es para mí algo esencial e innegociable. Las tareas tienen sus propios plazos, pero las personas son la prioridad.
La verdad es que, a menudo, nos engañamos un poco demasiado; yo creo firmemente que decir las cosas tal y como son es, al fin y al cabo, la estrategia ganadora. Si las cosas no van bien, no es que al no decirlas o «inventarnos una historia diferente» se resuelva nada; simplemente se pospone, con el riesgo de alargar no solo el tiempo, sino también el propio problema.
Aprender…Quizás sea porque tengo dos hijos y, por eso, es un tema recurrente en casa, pero no hay más que aceptarlo: nunca se deja de aprender… ¡y para mí es además una elección convencida, que me encanta! Uno de mis principales motores siempre ha sido la curiosidad, el descubrimiento de cosas nuevas, el deseo de comprender lo que me rodea, el intercambio de ideas y el diálogo como elementos para conocerme a mí mismo y crecer, ante todo como persona y, justo después, profesionalmente.
Diavoletto, sobre todo dentro del equipo de gobernanza (¡pero no solo ahí, eh!); mi papel es, ante todo, el de «abogado del diablo», o quizás mejor dicho, el de provocador. En parte para sacar a la luz la verdad a la que me refería antes y para insistir en la coherencia, la visión, los valores y las personas.
En cuanto a la experiencia, bueno, aquí se aplica un poco lo que decía mi padre al principio: en DA intento compartir los años que he pasado en la empresa, en distintos lugares, con anécdotas, errores cometidos, lecciones aprendidas y todo lo que forma parte del bagaje profesional de un «veterano» como yo 😊