Hacia el paisaje de la imaginación: el futuro es para quienes, primero, se lo imaginan

Jueves
Diciembre
 
2021

El mañana debemos imaginarlo; cada uno tiene la responsabilidad (que es a la vez un derecho y un deber) de imaginarlo primero y luego crearlo. Para imaginar se necesita, sobre todo en la empresa, espacio, creatividad y bienestar. ¿Cuánto de esto hay hoy en nuestras empresas?

Entre una reunión y otra, y en medio de una lluvia de ideas constante, estamos atrapados en nuestras apretadas agendas y corremos el riesgo de ahogar casi todo.  Las nuevas ideas o proyectos rara vez surgen en las salas de reuniones, bajo las luces de neón o con un diagrama de Gantt en la mano. A veces, las mejores ideas surgen garabateando, quizá con colores, mientras se saborea un zumo, escribiendo en una servilleta o en el posavasos de una taza de té o café, dejando volar la imaginación.

Las ideas surgen al pasear al aire libre; las ideas y las cosas más bonitas surgen cuando las personas se sienten bien, están en buena compañía o tienen el ánimo adecuado.

La imaginación es un potente «desencadenante» del bienestar. Por eso, utilicémosla mucho más.

Quizá os preguntéis: ¿qué tiene que ver la imaginación con las prioridades actuales de las empresas o con el proceso continuo de transformación digital y la adopción de nuevas tecnologías?

Quizá poco o nada de forma directa, pero tiene mucho que ver con el estado de salud de las empresas, que se refleja en el bienestar de las personas y de su cerebro. Si las personas no se encuentran bien o su estado empeora cada vez más, su cerebro se va apagando poco a poco. Y entonces tendremos un gran problema, porque, poco a poco, incluso las organizaciones y las empresas no podrán contar más que con personas apagadas y vacías; sin imaginación no hay innovación.

Aprovechémos, pues, este momento que estamos viviendo para detenernos, hacer una pausa, dejar espacio a la imaginación —y también a la duda— que nos lleve a la cocreación del marco de sentido en el que dar cabida al nuevo mundo laboral, que ha llegado para quedarse.

¿Cómo será o cómo podría ser el nuevo mundo laboral? Casi cada día surgen nuevas palabras que pretenden definir su significado o delimitar su ámbito; el concepto de «híbrido» está ahora en boca de todos. Pero, ¿a qué nos referimos? Parece que ya existe un nivel de definición, en el discurso común, que presupone un conocimiento y una elección perfectos y definidos de las características que se sitúan en el nivel superior: es decir, qué es el trabajo hoy en día, cuál esla experiencia del empleado hacia la que nos orientamos y cómo definimos y estructuramos su espacio relativo de realización. Pues bien, yo creo, por el contrario , que ese nivel superior aún está por imaginar, de nuevo y con un gran encanto asociado.

Para dar este primer paso, debemos volver a la forma en que, en primer lugar, se fomenta la apertura y la mentalidad adecuada, no solo la nuestra, sino también la de nuestro personal, de todo nuestro personal en la empresa.

¿Pero qué mentalidad? Este es el segundo paso: pasar del paisaje de la imaginación (no solo un espacio limitado, sino un paisaje dinámico) a la mentalidad con la que vivir las nuevas posibilidades. Una hipérbole puede ayudarnos a poner todo esto en perspectiva, orientando la mirada y la huella con la que nos acercamos al tiempo que estamos viviendo.

Si lo pensamos bien, siempre hemos estado acostumbrados a vivir con una «mentalidad de escasez» intrínseca. De hecho, nuestras mentes evolucionaron en un mundo de escasez hace cientos de miles de años, y la mayoría de las personas siguen atrapadas en esta mentalidad y en el paradigma que se deriva de ella, fruto de modelos culturales, educativos, sociales y económicos. Estamos programados para pensar en términos de escasez en lo que respecta a los recursos (naturales, energéticos, económicos, relacionales), al tiempo, a las herramientas, etc., y la lista podría ser muy larga.

Hay un dato de realidad y una evolución positiva en relación con este enfoque, es decir, el de actuar impulsados por el reconocimiento de la escasez como estímulo, pero en su sentido más general —me atrevería a decir que como escenario—, creo firmemente, por el contrario, que tener una «mentalidad de abundancia» puede transformar nuestras vidas y, en lo que respecta a nuestra vida laboral, nuestro espacio, nuestro equipo y la empresa de cada uno.

Para empezar, hoy podemos dar un paso decisivo para abrirnos a una mentalidad de abundancia, que conlleva la capacidad de crear un mundo de posibilidades y oportunidades en lugar de limitaciones y carencias.

Los cambios que se están produciendo, las nuevas tecnologías de crecimiento exponencial como la inteligencia artificial o la robótica, están abriendo nuevos escenarios y perspectivas que influyen en nuestra forma de trabajar y en la mentalidad y el enfoque con los que todos podemos construir un nuevo paradigma. Estas innovaciones deben integrarse en un nuevo equilibrio armonioso y «metestable»: es decir, armonizar el medio con el fin, las herramientas con su sentido, las relaciones humanas con lo que somos, con el espacio en el que vivimos, con las conexiones y las acciones que alimentamos.

Una armonía que tiene el encanto de poder imaginarse, concebirse, generarse y construirse en función de las necesidades de cada uno, tanto a nivel individual como colectivo.

Hemos atravesado diferentes épocas del trabajo hasta llegar a nuestros días: desde la era del trabajo manual hasta la invención de la electricidad; desde la revolución industrial hasta la invención de Internet; desde la revolución digital revolución , pasando por una pandemia mundial, hasta la revolución de un nuevo mundo laboral al que, por falta de imaginación, se ha bautizado apresuradamente como «híbrido». ¿Estamos preparados para dar la bienvenida a esta nueva era? ¿Y con qué perspectiva?

Creo que una mentalidad de abundancia es una visión fundamental para cualquier persona o líder que debe dominar en la próxima década.

Esta mentalidad , ¿cómo nos lleva entonces al mundo «híbrido» del trabajo y qué repercusiones tiene? ¿Qué ganamos o cómo podemos vivir de otra manera y en armonía?

Todo esto (vivir las nuevas formas de trabajar) no es tanto un proyecto, sino un viaje que aún está por recorrer; o, dicho de otro modo, una oportunidad o una ocasión para reescribir y rediseñar las coordenadas y los supuestos relacionados con el trabajo, la experiencia y los comportamientos de las personas.

Me gusta reflexionar y plantear preguntas, más que ofrecer soluciones precipitadas: ¿qué principios fundamentales debemos tener en cuenta, pues, al pensar en el trabajo de hoy y de mañana? ¿Es la experiencia de las personas realmente no solo un elemento central, sino el centro mismo? ¿Y cómo podemos aplicar este paradigma de forma concreta?

Sin duda, lo que está en juego es una situación que tiene dos protagonistas principales: la empresa —entendida como una organización única y compleja— y la persona —el individuo en toda la complejidad de sus necesidades—. ¿Cuál será el punto de equilibrio «metestable»?

Me gustaría establecer desde aquí un canal directo de diálogo con cada uno de vosotros, para emprender juntos este viaje en el tiempo, en nuestro tiempo, que está por imaginar y por vivir.

¿Cuál es la prioridad de tu organización?Cuéntanoslo aquí, llenemos juntos este espacio.