Entre las conexiones y las notificaciones las 24 horas del día, «no es humanamente sostenible»

Aquí estamos, de vuelta tras un parón más o menos largo, dependiendo de las actividades laborales de cada uno y de las decisiones personales. Independientemente de si las vacaciones han terminado o no, lo que tenemos ante nosotros es, sin duda, el periodo que, por definición, da inicio al nuevo año académico: un nuevo comienzo no solo para los estudiantes, sino también una ocasión metafórica —y no tan metafórica— en la que, por lo general, se deja atrás lo viejo y se da la bienvenida a lo nuevo, haciendo inevitables balances.
¿Qué tal estoy?
Esta es la pregunta más importante que quiero compartir en esta etapa de recuperación y que, nunca como en este momento histórico, considero importante plantearnos. Si escuchar a los demás es un valor de suma importancia, también es cierto que, sin el bienestar personal, resulta objetivamente poco factible (y creíble) pensar en el de quienes nos rodean. Entre la pandemia y los diversos acontecimientos de estos últimos años, uno de los aspectos positivos ha sido la creciente atención prestada a nuestra salud, empezando por la mental, que a menudo es la que provoca incluso los problemas de salud más tangibles.
Quizás en las organizaciones, en nuestra búsqueda de un nuevo equilibrio en la transformación digital, hayamos exagerado realmente con las notificaciones, las videoconferencias, los correos electrónicos a todas horas y una disponibilidad demasiado ostentosa o forzada, lo que nos ha llevado, en ocasiones, a tener que buscar rastros de humanidad en nuestro día a día profesional. Al percibir sus «lados oscuros» («the dark side of digital»), hemos empezado a hacer alarde de la palabra «humanidad», la hemos incluido en muchos títulos de libros y seminarios web, la hemos debatido y hemos buscado jefes y líderes amables y humanos. Y en este contexto, la sostenibilidad ha empezado a resonar en nuestro interior como una palabra cada vez más cargada de significado, porque, ¿por qué no?, «eso no es humanamente sostenible».
Estamos intentando definir las directrices internas que se difundirán dentro de las organizaciones y estamos impartiendo mucha formación para acompañarnos en la r-evolución digital: todo esto es, sin duda, esencial. Pero la pregunta que siempre hay que plantearse en la fase inicial es: ¿se está esforzando cada uno de nosotros —de forma proactiva— por crear hábitos saludables que nos permitan surfear las olas de la transformación sin que estas nos arrollen? Si bien el derecho a la desconexión es uno de los temas más candentes, no es posible delegar en los buenos propósitos la creación de nuevos comportamientos conscientes en una realidad marcada por continuos correos electrónicos, llamadas telefónicas, reuniones, etc. En este sentido, podemos comprender el valor que genera el «nudgetech» («por nudgetech se entiende una forma de arquitectura de las decisiones, respaldada por la inteligencia artificial, cuyo objetivo es estimular comportamientos —sin comprometer la libertad individual— que tengan un impacto positivo en las personas, el equipo y la organización en su conjunto»), que permite salvar la brecha conductual entre el «dónde me encuentro hoy» y el «dónde me gustaría estar mañana, idealmente».
Poco antes de irse de vacaciones, la redacción de «LinkedIn Notizie» había propuesto una de las #conversacionesdeverano dedicada a los «consejos útiles para desconectar de verdad cuando te vas de vacaciones». Como ha recordado recientemente Carlo Caporale —director general de Wyser Italia | LinkedIn Top Voice Trabajo—, el equilibrio entre la vida privada y el trabajo no significa percibir estas dos dimensiones como algo separado, como compartimentos estancos; el trabajo es parte integrante de nuestras vidas. Allí llevamos nuestra propia esencia, con nuestra personalidad, nuestros deseos y nuestros valores. Y fuera de allí siempre llevamos con nosotros las experiencias, que son siempre humanas, además de profesionales. En sus propias palabras:
«No tiene sentido pensar en compartimentos estancos, como si el equilibrio residiera en un porcentaje de tiempo o en una porción de espacio. Creo más bien que el equilibrio reside en la continuidad entre el tiempo y el espacio personal y el profesional, que surge de la posibilidad de reencontrarnos con nosotros mismos, con nuestros valores y con las satisfacciones que nos aporta lo que hacemos».
En resumen, empecemos con buen pie este mes de septiembre: reflexionando sobre el nuevo equilibrio entre conexión y desconexión, no solo durante las vacaciones o en el ámbito profesional, sino tomando conciencia —de verdad— de la constante interrelación entre ambos. Una vez más, hagamos que sea nuestro sentido personal de la responsabilidad y el compromiso lo que guíe la relación sana con los demás a través de la tecnología, porque, recordemos siempre, que la tecnología es el medio que nos permite conectarnos, pero la relación es con las personas; esta perspectiva diferente quizá nos permita ver nuestra realidad con una visión menos borrosa.
Parto de aquí, de estas reflexiones, para intentar comprender cómo cada uno de nosotros está pensando en desconectar y volver a empezar de verdad cada día, dando prioridad a su propia sostenibilidad humana. Por su parte, las organizaciones deben, sin duda, plantearse cómo facilitar un cambio significativo que garantice el bienestar integral de las personas —en términos de salud física, mental, emocional y financiera—, asegurando un mayor equilibrio entre la vida laboral y personal y la equidad social.